
Hemos hablado ya del llanto del bebé, sus razones posibles y las consecuencias físicas de dejarlo sin atender. Todo ello se suma en una clara recomendación: hay muchas razones por las que hay que atender siempre el llanto de los bebés. Sin embargo, merece la pena hacer un repaso ordenado para ayudarnos a centrarnos cuando el llanto pueda sobrepasarnos. Tener las cosas claras ayuda mucho, mucho, a saber como actuar. No es cuestión de manuales, sino de saber encontrar nuestro instinto y comprender al bebé.
El bebé no sabe comunicarse con palabras, solo puede recurir al lenguaje no verbal. Pronto aprenderá a sonreir para transmitir que se siente feliz y bien atendido, con todas sus necesidades cubiertas. Pero al pequeño también le pasan cosas desagradables: frio, dolor, hambre, agotamiento, exceso de estímulos y simplemente necesidad de contacto físico. Y cuando estas sensaciones llegan son abrumadoras y para ellos no hay paciencia esperable, necesitan atención para solucionarlo y la necesitan pronto. Para decírnoslo solamente tienen un lenguaje: el llanto.
La lección de la confianza
Cuando el niño es atendido en su pena o su enfado aprende que tiene derecho a expresar esos sentimientos y que va a ser escuchado. Eso supone un incentivo claro para seguir avanzando en la mejora de su repertorio comunicativo. Si le hacemos caso cuando llora, si no lo ignoramos o le regañamos, entenderá que vale la pena explicarnos que no se siente bien, e irá refinando su lenguaje mientras se cimenta la confianza en si mismo como persona que nos importa y la confianza en que nosotros vamos a escucharle.









